De Pepe Cuellar, Guadalajara, Jalisco:
El pasado 24 de octubre del 2007, el cometa 17/P Holmes, un viejo conocido de los astrónomos que visita la Tierra cada 6,8 años sin llamar demasiado la atención, dio una sorpresa que nadie se esperaba. Sin motivo aparente, su brillo en el cielo empezó a incrementarse, hasta multiplicar por más de 60.000 el que es habitual para este cuerpo celeste.
Su coma, la nube de gas y polvo que envuelve su núcleo helado, aumentó rápidamente hasta alcanzar veinte veces su tamaño original. El 25 de octubre, Holmes se había convertido en el tercer objeto más brillante de la región de espacio visible tras él, la constelación de Perseus. Es como si, de repente, el cometa se hubiera vuelto loco, como si hubiera entrado en erupción o hubiera estallado de forma repentina, quizá debido al choque con algún asteroide, ya que este cometa orbita entre los planetas Marte y Júpiter, pasándo por el cinturón de asteroides.
La foto la tomé el día 3 de Noviembre de 2007, justo antes de que empezara a decaer su magnitud.
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